Autor: Yahir Leis Alvarado, Comunicador

 

Yo, teniendo certificación médica por haber buscado ayuda, he tenido que buscar otro certificado para que no se sepa qué tipo de especialista me atendió y para que no se filtrara el diagnóstico. La pobreza no está en la falta de plata, sino en el enanismo del corazón. 

He estado harto de los comentarios zonzos que en nada ayudan ni a nada nos llevan. También asqueado de la venenosa lengua e indolencia humana, de ver a los malos ganar; harto de tener miedo e ira, de caminar pegado a las paredes mojándolas de lágrimas, buscando soporte mientras me derrumbo en el frío cemento. 

Por talentoso que sea, me he sentido una promesa contaminada que ya no es atractiva para los cánones de éxito esperados. A veces me siento directamente discriminado, ya no solapada, sino directamente discriminado.

Creo que nadie lo asimila y aunque lo procesaran, no pueden hacer nada, y menos yo. Aunque seamos millones los que pasamos por esto, esta realidad no equivale a no estar solo. Dice el refrán: Mal de muchos, consuelo de tontos.

Somos un conglomerado de seres dispersos que aparentemente  no encajan. Llegamos a creer que las felicidades se les incrementan solo a los felices.

No me preguntes: ¿Qué pasó, loco? No hagas caso a las sonrisas de humo en las redes, sino a la piel quemada por los barrotes al rojo vivo y que aún oxidados, son capaces de derretir la cera de la luz que la alegría algún día pudo liberar.

¿Que me quejo mucho? Ni sueño que calces mis zapatos, porque no tengo fuerzas ni paciencia para elucubrar desearle a nadie tal mal, ni siquiera para ser comprendido. Pero puedes simplemente escuchar.

He llegado a decir: ‘Arróllame, muerte, que tu última paz alguna pseudoforma de dignidad tendrá’.

Es cierto, no es nada fácil y es más cómodo mirar a un lado. No todos podrán asumir el reto de sumarse a esta causa, pero con la difusión del mensaje se difumina el miedo.

Siempre supe que era algo más que el malo de alguien, que todos tenemos nuestros ‘cucos’ y que aunque para alguna persona yo fuera algo negativo, eso no debía definirme. No somos del todo imperfectos. No hay un curso para controlar las percepciones de los demás… ni las propias. Lo importante es reconciliarse con quienes aún se pueda y sobre todo con uno mismo. 

A veces no queda otra opción que engañar a la tristeza y nadar contra ella, en lugar de dejar que ella me hunda en su mortal abrazo. A veces intento creer eso de corazón y aunque intento volar, termino envuelto en mis propios nudos.

Mi buena voluntad se transforma en esperanza si trabajo en eso, porque si dejo de caminar el miedo se vanagloria en mí. Pero a veces la buena voluntad no es suficiente.

Le comparto el gran bolso de los sinsentidos a quien con su luz puede darles un nuevo aire. Sé que funciona, porque me han ayudado y he ayudado. Pero esa dinámica se diluye en sociedades como estas, que pierden la empatía y no se dan cuenta que un miembro enfermo provoca malestar en todo a su alrededor.

Viajar con un equipaje más ligero, ojalá intangible, sin restos de culpa o pasado, pacifica el alma. A veces hay que reaprender a empacar. Podemos ayudarnos en eso. Cuando el fuego se apaga, a nuestro alrededor aparecen héroes portadores de antorchas.

Hay que buscar el verdadero sendero personal y entender por qué o por quién actuamos como lo hacemos. No solo somos ensayo y error: pidiendo sabiduría a diario no seremos perfectos, pero de la mano con nuestros hermanos seremos fieles a nosotros y a Él, y podremos avanzar.

Dios no nos quiere ver odiando o estrellándonos, ni tropezando con la misma piedra. Un ‘avance’ sin amor sería triste. Aprender y seguir adelante sin miedo y con fe, haciendo lo correcto por el motivo realmente correcto, es una mejor dinámica. No siempre tener la razón (o creer que la tenemos como verdad única) justifica los hechos.  No podemos solos. Nunca hemos podido, por eso la humanidad aún existe: por el valor de la unidad.

Hacer esfuerzos sinceros por no aislarnos, vivir más y sobrevivir menos. Eso lleva tiempo, pero juntos avanzamos. Ya no solo creo que es necesario ser feliz. Quiero serlo. No es lo mismo.

Se lo he pedido a Dios. No puedo anteponer nada al proceso de reconstrucción de mi alma fracturada que va sanando. Cuando en quien crea me lleve, cuando sea, no quiero que reciba un corazón mal cuidado. La fe y la alegría de existir, si las internalizo, harán que nadie pueda conmigo. Dios se manifiesta en quienes ayudan a encender la luz de otros.

La vida es hoy. Las arenas movedizas pegajosas están en nuestra mente y los fierros que hunden, en nuestro corazón. Dios no nos deja nunca; entonces no dejemos nunca al prójimo. Si al menos lo intentamos, logramos por fe amar más a la gente y a nosotros mismos, aceptando con gratitud lo que se nos da, sin vara de medir, sino con brazo largo para abarcar en un abrazo que nos devuelve el compromiso con la humanidad que tenemos al lado.  Es mejor vivir el ahora y no con la nariz asomada en un mañana que ya traerá sus pros y contras.

El hoy, con sus errores, terquedades, confrontaciones, aciertos y milagros diarios, tiene una nota diferente si lo gozamos juntos. Silbar, aunque no nos sepamos la letra del todo, es una acción de confianza sin pretender saberlo todo, que transmite paz y cuyos efectos son perceptibles por cualquier sentido, idioma o alma.

Yo fui al panel para apoyar una causa y aprender un poco para ayudarme a mí y a algunas personas cercanas. Y terminé encontrándome con una reunión maravillosa, multitudinaria, proactiva y organizada de personas que tenían el mismo problema que yo y que algunos de mis familiares. Quedé muy sorprendido. A uno muchas veces le dicen que uno no está solo y que no debe sentirse diferente. Eso muchas veces entra por un oído y sale por el otro. Lo que yo vi allí fueron testimonios de fe, fortaleza y esperanza de personas y familiares que han pasado y están pasando por eso que también me ha pasado a mí, y ese mensaje caló en mí al punto que decidí no ser solo un espectador. Decidí involucrarme en la difusión de ese mensaje básico que es romper el tabú y romper el silencio.

Cuando lo empecé a difundir, en las redes me encontré con que contrario de muchos posts en los que hablaba y obtenía mucha interacción, en este tema la gente guardaba silencio. Pese a que muchas personas comentaron, el nivel de interacción con este tema fue menor. Eso te deja claro que hay mucho por hacer. Estos eventos requieren el compromiso no solo de la empresa privada sino de las ONG y del gobierno. Esto es una pandemia global que en Panamá pega cada vez más fuerte. Como comunicador, creo que no podemos centrarnos en las causas nobles de difusión y lucha contra ciertas enfermedades omitiendo las mentales y psicosociales, que también se llevan vidas, y la gente no habla de las causas de esos fallecimientos. La salud debe ser igual para todos, y debemos incluir las enfermedades que no se ven.

Queremos ser personas de primer mundo y mantener una economía vanguardista, pero no podemos crecer cojeando. Estos eventos deben dejar de ser eventos y convertirse en políticas de difusión permanente, constante y creciente.