Autor: Luis Estribí

El 23 de septiembre de 2010, durante la construcción de la ampliación del Canal de Panamá, fui agredido por un sujeto de manera inesperada en la parte frontal de la cabeza. Fui atendido en la Caja de Seguro Social inicialmente con un diagnóstico de rectificación de columna cervical y esquince en disco. Luego fui incapacitado por unos días. Con el tiempo, mi columna misma fue degenerándose hasta limitar mis movimientos. Mediante resonancia magnética se encontraron mayores lesiones en los discos herniados y pinzamientos de nervios, lo cual produjo dolor crónico. Eso sin contar que tenía los hombros lesionados, con roturas de músculos y ligamentos.

Perdí mi trabajo y se me negó la pensión por riesgo profesional debido a que la empresa se encontraba «morosa» con las cuotas obrero –  patronales. Sin dinero y sin poder laborar por las lesiones, mi ánimo empezó a cambiar. Pero pensé que era normal.

En diciembre de 2012 me diagnosticaron depresión severa postraumática, con discapacidad funcional del 70% y depresión crónica.

Había tocado fondo. Me sentía culpable, me aislé, no comía, no me importaba mi estado, la hora, el día, ni siquiera bañarme. Planifique varias veces quitarme la vida.

Mi familia nunca comprendió lo que me pasaba: me quedé solo. Pero una fuerza me levantó y pensé: «No puedo quitarme lo que yo no me he dado». Desde entonces ha sido una lucha de cada día.

La campaña Rompamos el Silencio me ayudó mucho. Me demostró que no estoy solo. Hoy no siento ningún temor en decir que soy una persona con una discapacidad mental. También siento y lucho por mis derechos, y quiero que se respeten los de mis semejantes, y siento motivación por vivir cada día a pesar de tener altos y bajos.

Ver a una valiente joven de 19 años hablar de su enfermedad y a la psicóloga del panel Rompamos el Silencio me da motivación de vida y, a pesar de que muchas veces somos tratados de manera indiferente en instituciones del Estado, a alzar mi voz. Porque siempre vivimos por y para algo.

Gracias. Lo que hacen es maravilloso. No desmayen en la lucha de salvar vidas y lograr un trato humano para quienes sufrimos de enfermedades de salud mental. Esto nadie lo quiere y no buscamos lástima, solo ser escuchados y no abandonados para poder seguir siendo útiles para la sociedad.