Autora: Carolina Isabel Fonseca Vera

 

Por muchos años he luchado contra la discriminación y los prejuicios que sufren las personas con enfermedades mentales. Yo era estudiante de Leyes y deportista, pero la presión de ser perfecta y de mantenerme en la cima fue teniendo su efecto en mí.

Todo comenzó con un sentimiento de tristeza profunda y un estado de ánimo desmejorado. Me alejé de todos mis amigos y de las actividades que eran placenteras para mí. Luego vinieron los problemas para concentrarme, pérdida de peso extrema, pérdida de la autoestima y alteración del sueño. Tenía un comportamiento errático que alejó a todos de mi vida y me hizo difícil continuar con mis estudios. Pero nunca me rendí.

Gracias a mi mamá y a mi querido doctor logré dar con el diagnóstico que cambió mi vida. En vez de ponerme triste o brava, al escucharlo sentí un gran alivio porque entendí que mi comportamiento tenía una razón de ser, y que si bien no hay cura, existen tratamientos y cambios en el estilo de vida que permiten llevar una vida normal. Y que no es un impedimento para ser una persona exitosa.

No es fácil hablar sobre esto. Fueron días muy oscuros y dolorosos. Había pausado mis estudios, estaba totalmente sola –excepto por mi mamá– y tenía que aprender a vivir con mi diagnóstico. Pasé muchas horas estudiando y leyendo, tratando de comprender. Y a pesar de todo lo que había pasado, y del estigma, gracias al amor e impulso de mi mama decidí regresar a la universidad, pero esta vez con un propósito. Graduarme y probarles a todos que yo no era mi diagnóstico.

No solamente me gradúe: combiné mis estudios de la enfermedad mental con mi amor al derecho penal, y de esa experiencia surgió mi tesis sobre Los enfermos mentales en el sistema penitenciario. Los enfermos mentales están desproporcionalmente representados en el sistema penitenciario. Existen pocos centros de tratamiento. Por eso las personas que no tienen hogar o seguro no pueden atenderse sino es a través del sistema penitenciario.

Cuando comencé a escribir sobre el tema me di cuenta de los tabúes y estigmas que existen; también aprendí que Panamá no cuenta con una legislación relacionada a la salud mental y que tampoco cuenta con suficientes centros de rehabilitación y hospitales psiquiátricos.

La campaña Rompamos el Silencio creó consciencia sobre esta problemática social. Siento que finalmente el tema está recibiendo la atención que merece. Creo que con esta campaña, juntos podemos ayudar a combatir el estigma, a luchar por la creación de un proyecto de ley que aborde el tema, e impulsar para que se construyan más centros de rehabilitación y hospitales especiales para las personas con problemas psiquiátricos.

Lo más importante de esta campaña es que está ayudando a que las personas cambien su forma de pensar. La enfermedad mental está definida como la acumulación de estrés, tensión y trauma, lo cual dadas las circunstancias adecuadas puede causarle un desequilibrio a cualquiera. Como sociedad, tenemos que dejar de estigmatizar a las personas con enfermedades mentales. Entender que son personas funcionales, siempre y cuando reciban el tratamiento necesario. Hay mucha ignorancia en el tema, y definitivamente esta campaña me motiva a pensar que las cosas sí pueden cambiar. Juntos podemos hacer un cambio y lograr una sociedad más inclusiva, tolerante y con menos prejuicios.