SUICIDIO EN ADOLESCENTES: FACTORES PRECIPITANTES Y GUÍAS DE PREVENCIÓN

Magister Becky Malca Scharf – Psicoterapeuta

En Estados Unidos, el suicidio representa la segunda causa de muerte en adolescentes y adultos jóvenes, tan solo por detrás de los accidentes. La tasa actual anda entre 10 y 15 casos por cada 100 mil, con tendencia al incremento en los últimos años. En Panamá, la tasa observada es menor de 5 por 100 mil adolescentes, pero existe un problema importante de reconocimiento del hecho suicida, debido a múltiples causas: pobre notificación del evento, ocultamiento por vergüenza familiar, enmascaramiento del diagnóstico para garantizar cobertura de seguro, etc.). En este capítulo, describo algunos factores precipitantes que ponen en riesgo a nuestros jóvenes, pongo en perspectiva el impacto del problema y resumo una guías recientemente publicadas para prevenir los intentos suicidas, tanto a nivel del hogar como en los colegios del país.

Acoso (“bullying”).

El acoso fue un término acuñado en 1993 por el psicólogo noruego Dan Olweus, para referirse a los alumnos agredidos intencionalmente, de manera repetida y prolongada, por uno o más compañeros que sienten tener más poder dentro de una institución educativa1,2. Es importante diferenciar el acoso de la travesura estudiantil, actividad relativamente frecuente en la esfera escolar. El vocablo, por tanto, no debe ser utilizado cuando dos muchachos de edad y condición similares se pelean o se inventan apodos, mientras no haya reiteración frecuente de una conducta agresiva con el claro propósito de hacer daño al otro (ver figura).

Se estima que más de la mitad de los niños y adolescentes experimentan algún tipo de intimidación o mofa traviesa, pero solo aproximadamente un 10% sufre de un acoso real. Los profesores y administrativos de un colegio deben estar preparados para reconocer, prevenir y controlar los episodios de acoso, antes que provoquen consecuencias lamentables. Hasta un 20% de las lesiones autoinflingidas e intentos de suicidio se relaciona al “bullying”. Los signos y síntomas que exhiben las víctimas de acoso incluyen: frecuentes dolores de cabeza y estómago, mareos, dificultad para dormir, pesadillas recurrentes, inasistencia a reuniones o eventos sociales, aversión a la escuela, mal humor, depresión e ideación suicida. En la era moderna, el acoso puede ser magnificado a través de la propagación de imágenes, burlas o insultos en redes sociales, fenómeno conocido como ciberacoso (cyberbullying). 

El acosador tiende a exhibir una personalidad irritable y agresiva, con bajo autocontrol y carencia de empatía. Su rendimiento académico es usualmente deficiente y manifiesta una conducta desafiante con profesores y compañeros. Es común en el agresor encontrar historias de violencia doméstica y familia desestructurada. Aunque la víctima puede ser elegida al azar, la selección es más probable que ocurra con alumnos que padezcan alguna discapacidad física o mental, con personalidad introvertida o reservada o incluso superdotada (“nerd”), o con estudiantes que pertenezcan a minorías sociales, étnicas, religiosas o sexuales.