OTRAS POBLACIONES CON MAYOR RIESGO DE CONDUCTA SUICIDA

Mariana Plata, MSc. y Vali Maduro de Gateño, Ph.D. 

La primera pregunta que viene a la mente cuando una persona muere por suicidio es ¿por qué? Lastimosamente nunca sabremos las razones de cada caso y esto es uno de los temas que los sobrevivientes deben trabajar para poder recobrar un poco de mal y de normalidad en su vida. Por otro lado, algunas veces en nuestro afán de encontrar las razones y de entender minimizamos las causas. Por ejemplo, cuando decimos que una persona murió por suicidio porque lo dejó la pareja o porque perdió el trabajo. La verdad es que, como se explicó en el capítulo Mitos y Factores de Riesgo, existen muchos factores que deben unirse para que una persona pueda desarrollar la capacidad de hacerse daño. 

Las investigaciones más recientes indican que más que tener factores de riesgo, son los sentimientos que estos factores de riesgo crean en las personas las que aumentan el peligro de hacerse daño. El doctor Mark Goulston habla de sentimientos que aumentan las probabilidades de que una persona muera por suicidio: desesperación, desesperanza, impotencia, sentirse inútil, sin valor, sin propósito y sin sentido. Por su parte, el doctor Thomas Joiner ha propuesto que las personas deben desarrollar la capacidad para poderse hacer daño y que los sentimientos de ser una carga y no pertenecer son los más peligrosos en el tema de la muerte por suicidio. 

Si tenemos estas dos propuestas en mente entenderemos un poco más cómo hay ciertos grupos de personas que tiene riesgos más elevados.  

Enfermedades mentales.

Las personas que sufren de alguna enfermedad mental tienen un mayor riesgo porque la enfermedad mental aumenta la dificultad de lidiar con la vida diaria, causa sufrimiento y desesperación. Las estadísticas mundiales dicen que la mayoría de las personas que sufren de alguna enfermedad mental no busca o no recibe ayuda, si van a tratamiento, muchos no siguen el tratamiento o no se toman los medicamentos; estas situaciones pueden causar que la persona sufra por varios años y los haga desarrollar los sentimientos de los que hablamos arriba.

Dolor crónico.

El dolor crónico afecta la capacidad para relacionarse y para trabajar lo que a su vez afecta el estatus económico y cómo lidiar con las responsabilidades de la vida diaria. Al igual que las enfermedades mentales, el dolor crónico causa desesperanza y desesperación. La persona que lo experimenta puede sentirse atrapado y desesperanzado de que logre obtener alivio a su dolor.  

Pérdidas financieras.

Cuando las personas tienen dificultades financieras causadas ya sea por la falta de trabajo o por dificultades den las maneras que manejan su dinero, tienden a distanciarse de las otras personas ya sea porque se sienten avergonzados o porque están tan preocupados que no pueden lidiar con nada más. El estar solos con sus pensamientos negativos los hace más propensos a desarrollar los sentimientos de desesperación y desesperanza. El hecho de haber fracasado en sus intentos de tener una buena situación económica los puede hacer sentir sin valor, sin sentido e inútiles. La vergüenza que resulta de estas pérdidas aumenta también el riesgo de encontrar en la muerte una solución. 

Antecedentes de muertes por suicidio en familiares o amigos.

Los estudios indican que el suicidio es contagioso. Cuando una persona en riesgo experimenta la muerte por suicidio de otra persona, esto le hace pensar que es una buena opción para salir de sus problemas y de su sufrimiento. Algunos expertos creen que les da un “permiso” para hacerlo. Esto es más cierto y peligroso cuando la persona que ha muerto por suicidio es una familiar, un amigo cercano o una celebridad admirada por quien está en riesgo.  

Lanny Berman, exdirector ejecutivo de la Asociación Americana de Suicidología, dice que los antecedentes familiares de suicidio pueden ser resultado de un factor genético, bioquímico y / o psicológico. La presencia de una historia familiar de suicido y una enfermedad de salud mental aumenta el riesgo de hacerse daño. Es importante aclarar que la presencia de estos dos riesgos no indica que la persona está destinada a morir por suicidio, solo que son factores que tenemos que tener presentar al evaluar a una persona.

Intentos anteriores.

Las estadísticas indican que una persona que ha intentado quitarse la vida tiene un 37% de mayor riesgo que la que nunca lo ha intentado. El doctor Joiner explica que para que una persona pueda atentar contra su vida debe superar el miedo a la muerte y el instinto de autopreservación. La persona tiene que desarrollar la capacidad para hacerlo. Todos tenemos un impulso de sobrevivir, por lo tanto, las personas van practicando, mientras más práctica, más desarrolla su capacidad de hacerse daño. También se cree que el no haber podido morir en el primer intento aumenta la vergüenza en algunas personas, lo que hace que esta desee intentar con métodos más letales en las siguientes ocasiones.

Traumas

Según la revista americana Psychology Today1, el trauma emocional o psicológico se define como “una condición que puede afectar a una persona después de un evento estresante o amenazante en la vida de una persona”. Quienes padecen de esta condición podrían desarrollar dificultades emocionales que incluyen ansiedad, enojo, tristeza prolongada, o incluso el Trastorno de Estrés Postraumático. Sus síntomas pueden llegar a afectar varias áreas de la vida de la persona como su capacidad para conciliar o mantener el sueño, sus relaciones personales y/o profesionales, autoestima, alimentación, salud física, entre otras.  

Los eventos que pueden desencadenar un trauma de tipo psicológico o emocional en la persona pueden variar. En algunos casos, el trauma puede originarse en la primera infancia, o evidenciarse después de experimentar algún tipo de violencia, o después de participar y/o presenciar guerras y destrucción.  

La Administración de Abuso de Sustancias y Servicios de Salud Mental2 (SAMHSA, por sus siglas en inglés) ha identificado diversos tipos de traumas:  

 

  • Acoso o Abuso Sexual
  • Acoso o Abuso Físico
  • Abuso Emocional o Maltrato Psicológico
  • Negligencia Física y/o Emocional
  • Posterior a un Accidente, Enfermedad o Procedimiento Médico
  • Presenciar o ser Víctima de Violencia Doméstica 
  • Presenciar o ser Víctima de  Violencia Comunitaria
  • Trauma Histórico 
  • Acoso y/o presenciar Violencia Escolar 
  • Desastres Naturales
  • Violencia Política, Guerras y/o Terrorismo
  • Trauma Militar
  • Duelos por Pérdidas y/o Separaciones Traumáticas 
  • Trauma inducido por el Sistema y Retraumatización

Si una persona ha experimentado alguno de los eventos mencionados anteriormente y no ha recibido atención psicológica y/o médica necesaria, es más vulnerable a experimentar trauma psicológico o emocional.

Este tipo de trauma tiene un efecto duradero y prolongado en la función diaria de la persona, pero particularmente en el cerebro de quien lo padece. Estudios3 han encontrado que el estrés proveniente del trauma tiene varios efectos en el funcionamiento y estructura del cerebro, así como en componentes de la memoria. Estos cambios en el funcionamiento cerebral afectan la manera en la que las personas identifican, manejan, procesan e interactúan con el mundo: sus relaciones, trabajos, familias, su relación con sí mismos.  

Adicional a esto, los cambios activan4 en las personas una hipervigilancia, temor, enojo reactivo e impulsividad. Esto interviene directamente en la capacidad de poder relacionarse con las demás personas de una forma sana. Estas dificultades relacionales (que se exploran más adelante en este capítulo), tienen un efecto importante en los niveles de confianza de quienes experimentan trauma psicológico – tanto consigo mismos como con las demás personas. 

Consecuentemente, una dificultad para confiar –precisamente porque sus cerebros siempre están activados por temor y no pueden reconocer lo que es seguro y qué no– en las demás personas se puede observar en una restricción de la expresión emocional. En palabras sencillas, quienes han pasado por un efecto traumático tienen niveles más altos de desconfianza para con los demás, lo que intensifica su inhabilidad de poder expresar sus emociones y compartir sus dificultades con otras personas. Esta inhibición emocional es un factor de riesgo de suicidio.  

Los estudios5 han demostrado que quienes han pasado por un evento traumático tienen mayor riesgo de presentar abuso de sustancias, sentimientos de ansiedad generalizada, y padecer trastornos alimenticios y emocionales. Esta combinación de una o más de estas condiciones hace que la población que padece de trauma tenga un mayor riesgo de suicidio. 

Otros estudios6 también evidencian que la población cuyo trauma ha estado presente en la infancia temprana está en mayor riesgo. Mientras más temprano ha sido el trauma, mayor el riesgo de presentar más dificultades emocionales en la adultez. Y esto, consecuentemente, ubica a esta población en una mayor vulnerabilidad de presentar pensamientos asociadas a la conducta suicida.

El tratamiento7 para el trauma debe ser acompañamiento psicoterapéutico y/o farmacológico. Existen distintas intervenciones especializadas en trauma que se enfocan en procesar estas heridas emocionales. Los especialistas en estas áreas8 dirigen sus esfuerzos en ayudar a la persona a: activar los sistemas del cerebro para pensar de una forma más clara, regular sus emociones, y aliviar el exceso de temor y ansiedad generalizada que es consecuencia de un evento traumático.  

Dificultades en las relaciones

Se caracterizan por tener dificultades en la comunicación, constante resentimiento, incertidumbre, ansiedad, desesperanza, entre otras.  

Esta combinación de emociones intensas y recurrentes, puede ocasionar en la persona un estado prolongado de frustración, estrés y tristeza. Si no se trabajan estos duelos o estas dificultades en las relaciones que tiene la persona, estas emociones quedan enterradas muy dentro del mundo emocional de la persona. Y ya conocemos cómo la expresión emocional abierta es un factor de protección importante para la prevención del suicidio.  

Cuando cualquier relación se termina, es normal pasar por un proceso de duelo. Esa contemplación sobre aquello que funcionó, aquello que no, los buenos y no tan buenos ratos, y todas las experiencias vividas. Sin embargo, aquellas personas que no cuentan con las herramientas emocionales para hacer frente a esta pérdida (ya sea en sí mismos/as o junto con algún profesional de la salud mental que les ayude a trabajarlas), pueden caer en un duelo prolongado. Un duelo que cuesta resolver.

La evidencia11 corrobora que el duelo complicado aumenta el riesgo de suicidio en aquellas personas que lo experimentan. La razón de esto es porque, al experimentar el duelo la persona: tiende a aislarse socialmente, pierde su sentido de confianza y seguridad en el mundo y en sus personas cercanas, y manifiestan una aparente dificultad para seguir con sus tareas diarias cotidianas.

La calidad de las relaciones que mantenemos con las demás personas es un determinante importante en nuestra salud mental. Nos enseñan cómo comunicarnos, cómo expresarnos y cómo confiar. Si existen dificultades en estas relaciones que no se atienden con el o la profesional de salud mental indicado, nuestra salud emocional va a estar indudablemente comprometida. Es importante trabajar cualquiera de las dificultades que se pueden observar en el plano de las relaciones con un profesional de la salud mental capacitado/a para hacerlo.  

Población indígena

 

Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU)12, “los pueblos indígenas representan una gran diversidad: más de 5000 grupos distintos en unos 90 países y hablan una abrumadora mayoría de las aproximadamente 7000 lenguas del mundo. Están constituidos por 370 millones de personas aproximadamente, es decir, más del 5% de la población mundial y, sin embargo, se encuentran entre las poblaciones más desfavorecidas y vulnerables representando el 15 por ciento de los más pobres.”   

La organización también reconoce que son una de las poblaciones más vulnerables y “necesitan medidas especiales para proteger sus derechos y mantener sus culturas y formas de vida.” Es importante que las comunidades y países donde habitan, reconozcan la riqueza e importancia de su cultura y el derecho sobre sus territorios y recursos. En Panamá, específicamente, existen ocho pueblos indígenas: Ngäbe, Buglé, Gunas, Emberá, Wounaan, Bokota, Naso o Teribe y el Bri Bri. Y, según el más reciente estudio de la Contraloría de General de la República13, representan el 12.3% de la población total.  

Según un informe14 publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se revela que los pueblos indígenas están en mayor riesgo de presentar dificultades de salud mental que la población no-indígena. Los intentos de suicidio son particularmente más altos que en la población en general – especialmente en adolescentes indígenas15. A su vez, muchos de los riesgos generalmente asociados a la conducta suicida están presentes en esta población: discriminación, trauma, conflicto, abuso de sustancias, y dificultad de acceso a sistemas de salud.  

Algunas de las razones por las cuales estos grupos indígenas están en mayor riesgo suicida es la exposición a la discriminación, la colonización traumática e histórica de sus pueblos, y una ausencia de un sentido de identidad y/o pertenencia. Esto, les lleva a aislarse socialmente, lo que ha sido comprobado16 que tiene una relación directa con la soledad. Estos dos factores, al presentarse juntos, aumentan el riesgo de mortalidad en las personas.  

Un estudio publicado en la Revista Colombiana de Psiquiatría17 corrobora estos hallazgos. Según el estudio, “las personas que se reconocen como indígenas presentan altas tasas de desplazamiento por violencia y reportan problemas y trastornos mentales frecuentes que se asocian con factores compatibles con pérdida de rasgos culturales propios.” Esto explica la ausencia de espacios para hablar sobre temas de salud mental, tanto dentro de sus países así como de la población no-indígena.  

Los adolescentes indígenas presentan una doble necesidad: su necesidad evolutiva y su necesidad cultural. Evolutivamente, los adolescentes utilizan este periodo de su vida para consolidar su sentido de identidad. Es natural y esperado que se planteen preguntas a sí mismos y mismas sobre quiénes son, qué desean, y en qué espacios caben dentro del mundo. Por eso, durante esta etapa, desean pasar la mayor cantidad con amigos, amigas y pares. De alguna forma, esta socialización les ayuda a encontrarse a sí mismos/as.   

Por otro lado, los adolescentes indígenas se están buscando a sí mismos dentro de sus comunidades, de sus países, y de sus culturas. Si la población indígena, en general, les cuesta el reconocimiento de su idiosincrasia cultural dentro de los países que habitan, imagínense la dificultad y los niveles de frustración que manejan los y las adolescentes indígenas al no encontrar un espacio capaz de contenerlos en sus emociones y su salud mental. Esta etapa, particularmente para el adolescente indígena representa: una doble búsqueda, una doble frustración, un doble sufrimiento.  

Otro factor de riesgo importante en esta población es el efecto de contagio18 que se suele dar después de presentarse una conducta suicida. Debido a la naturaleza de la cercanía entre los miembros de la comunidad, existe un mayor riesgo de suicidio por contagio. Por esta razón, es crucial trabajar en aquellos agentes de cambio dentro de la población indígena. Para que puedan ser una voz de esperanza, empatía y sensibilidad dentro de la comunidad y puedan llevar un mensaje de salud mental a sus pueblos.  

Los pueblos indígenas poseen una amplia gama de recursos sociales y emocionales para preservar el bienestar emocional y la salud mental dentro de sus miembros19. Recibir intervenciones dentro de la comunidad y tener contacto con organizaciones de salud mental es un paso importante a tomar para la prevención del suicidio.  

Otras estrategias incluyen:  

 

  • facilitar entrenamientos para concientizar y educar a líderes dentro de las comunidades indígenas que se conviertan en agentes de cambio y voceros de salud mental, 
  • realizar programas de prevención de suicidio dentro de los colegios de la comunidad, 
  • reforzar las iniciativas de bienestar que ya están presentes en muchas comunidades (rituales, fiestas culturales, entre otros), 
  • utilizar el concepto de la espiritualidad al retomar y honrar aquellas prácticas culturales que han quedado desplazadas posterior a la colonización. 

Población indígena

 

Según la ONU20, existe una distinción importante entre refugiados y migrantes:  

  • “Los refugiados son personas que se encuentran fuera de su país de origen por temor a la persecución, al conflicto, la violencia generalizada, u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público y, en general, requieren protección internacional” 
  • “Los migrantes son aquellas personas que han residido en un país extranjero durante más de un año independientemente de las causas de su traslado, voluntario o involuntario, o de los medios utilizados, legales u otros.” 

Aún cuando existen diferencias entre los refugiados y los migrantes, es importante aclarar que ambos experimentan las consecuencias emocionales que conlleva el dejar su país de origen. Mudarse y dejar un país, una familia, aquello que es familiar y conocido, representa un duelo importante para la persona. Es una pérdida que debe ser abordada y manejada.  

Usualmente, el tiempo es un buen recurso para quienes dejan su país, pues da la oportunidad para entablar nuevas amistades, encontrar trabajos, y sentirse más cómodos y cómodas dentro del nuevo país donde están residiendo. La apertura de este nuevo país, entonces, representa un recurso invaluable en el camino para trabajar ese duelo.  

Es por eso que, si los migrantes y refugiados son recibidos en este nuevo país y estas nuevas comunidades con hostilidad y odio, están en mayor riesgo de manifestar dificultades de salud mental. La calidad de las relaciones que los migrantes y/o refugiados entablan con los nativos del país de asilo es un factor importante que puede influir de manera positiva o negativa la aclimatación cultural.

Según un artículo publicado en el diario La Prensa21 en el 2018, “el número de solicitantes de asilo y refugiados en Panamá aumentó en un 60.23%” El proceso migratorio para el refugiado no sólo representa un peligro a su salud mental, sino también a su integridad física. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR) ha mencionado en reiteradas ocasiones que, al cruzar fronteras, se enfrentan a numerosos peligros que incluyen: violencia de grupos criminales, violencia sexual, y/o explotación.  

Un estudio22 publicado en la revista de Psiquiatría Europea encontró que la población de refugiados es particularmente vulnerable a riesgo de suicidio ya que atraviesan experiencias de aislamiento familiar, dificultades de integración, una percepción de ausencio de cuidado y atención por parte del nuevo país de asilo. Esto aunado a las barreras de lenguaje y cultura, con frecuencia obstaculizan que puedan buscar el apoyo profesional necesario para hacer frente a sus dificultades de salud mental –lo que les pone en mayor riesgo y vulnerabilidad.  

Dentro de esta población de refugiados, las mujeres embarazadas están en un mayor riesgo de suicidio. La evidencia sugiere que la presencia de múltiples estresores (embarazo, preocupaciones financieras, migración, ausencia de red de apoyo, incertidumbre, por nombrar algunas) incrementa los riesgos en esta población. Los esfuerzos preventivos recaen en la detección e intervención temprana de problemas de salud mental, así como el seguimiento socio-emocional a mujeres embarazadas que están en proceso migratorio.

Similar a la población indígena, muchos de los factores de protección recaen en los sistemas que se han establecido dentro del país de asilo. Priorizar la psicoeducación de los nativos sobre estos riesgos para que puedan integrar a los refugiados y migrantes dentro de su país. De la misma forma, dirigir los esfuerzos para atender las necesidad socio-emocionales de los migrantes y refugiados en los países de asilo.

Dentro de esta población de refugiados, las mujeres embarazadas están en un mayor riesgo de suicidio. La evidencia sugiere que la presencia de múltiples estresores (embarazo, preocupaciones financieras, migración, ausencia de red de apoyo, incertidumbre, por nombrar algunas) incrementa los riesgos en esta población. Los esfuerzos preventivos recaen en la detección e intervención temprana de problemas de salud mental, así como el seguimiento socio-emocional a mujeres embarazadas que están en proceso migratorio.

Similar a la población indígena, muchos de los factores de protección recaen en los sistemas que se han establecido dentro del país de asilo. Priorizar la psicoeducación de los nativos sobre estos riesgos para que puedan integrar a los refugiados y migrantes dentro de su país. De la misma forma, dirigir los esfuerzos para atender las necesidad socio-emocionales de los migrantes y refugiados en los países de asilo.

 

 

1 Trauma. (s.f.). Disponible en:https://www.psychologytoday.com/intl/basics/trauma 2 Administración de Abuso de Sustancias y Servicios de Salud Mental (2014, September 03). Types of Trauma and Violence. Retrieved from https://www.samhsa.gov/trauma-violence/types

3 Bremner J. D. (2006). Traumatic stress: effects on the brain. Dialogues in clinical neuroscience, 8(4), 445-61. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3181836/

4 Southwick, S. M., Davis., L. L., Aikins, D. E., Rasmusson, A., Barron, J., Morgan, C. A. (2007) Neurobiological alterations associated with PTSD in Handbook of PTSD: Science and practice . Editado por Friedman MJ;

5 Halpern, J., Maunder, R., Schwartz, B., & Gurevich, M. (2011). Identifying risk of emotional sequelae after critical incidents. Emergency Medicine Journal. Disponible en: http://emj.bmj.com/content/early/2010/05/29/emj.2009.082982.short

6 Bahk, Y. C., Jang, S. K., Choi, K. H., & Lee, S. H. (2016). The Relationship between Childhood Trauma and Suicidal Ideation: Role of Maltreatment and Potential Mediators. Psychiatry investigation, 14(1), 37-43. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5240465/

7 Trauma and Suicide. (n.d.). Disponible en: https://www.suicideinfo.ca/resource/trauma-and-suicide/

8 Coping with Traumatic Events. (n.d.). Retrieved from https://www.nimh.nih.gov/health/topics/coping-with-traumatic-events/index.shtml

9 Blow, A. J., Farero, A., Ganoczy, D., Walters, H., & Valenstein, M. (2018, 12). Intimate Relationships Buffer Suicidality in National Guard Service Members: A Longitudinal Study. Suicide and Life-Threatening Behavior. doi:10.1111/sltb.12537 Disponible en: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/sltb.12537

10 Kazan, D., Calear, A. L., & Batterham, P. J. (2016, 01). The impact of intimate partner relationships on suicidal thoughts and behaviours: A systematic review. Journal of Affective Disorders, 190, 585-598. doi:10.1016/j.jad.2015.11.003 Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/284085503_The_impact_of_intimate_partner_relationships_on_suicidal_thoughts_and_behaviours_A_systematic_review

11 Latham, A. E., & Prigerson, H. G. (2004). Suicidality and bereavement: complicated grief as psychiatric disorder presenting greatest risk for suicidality. Suicide & life-threatening behavior, 34(4), 350-62. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1459278

12 Día Internacional de los Pueblos Indígenas, cuestiones indígenas, Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas, pueblos indígenas, 9 de agosto. (n.d.). Disponible en: http://www.un.org/es/events/indigeno

13 Panamá en Cifras. http://www.contraloria.gob.pa/inec/archivos/P8551PanamaCifrasCompleto.pdf

14 Pan American Health Organization. (2018, January 01). Indigenous Experiences in Wellness and Suicide Prevention. Event Report (Montreal, October 25th & 27th 2017) – 2018-01 | PAHO/WHO IRIS. Disponible en: http://iris.paho.org/xmlui/handle/123456789/34578

15 Cerrón, I. T. (2012). Suicidio adolescente en pueblos indígenas: Tres estudios de caso. UNICEF.

16 Beller, J., & Wagner, A. (2018). Loneliness, social isolation, their synergistic interaction, and mortality. Health Psychology, 37(9), 808-813. http://dx.doi.org/10.1037/hea0000605

17 Gómez-Restrepo, C., Rincón, C. J., & Urrego-Mendoza, Z. (2016, 12). Salud mental, sufrimiento emocional, problemas y trastornos mentales de indígenas colombianos. Datos de la Encuesta Nacional de Salud Mental 2015. Revista Colombiana De Psiquiatría,45, 119-126. doi:10.1016/j.rcp.2016.09.005

18 Kirmayer, L., et al. (2007). Suicide among Indigenous people in Canada.Ottawa, ON.: Indigenous Healing Foundation.

19 Wexler, L. and Gone, J.(2012).Culturally responsive suicide prevention in indigenous communities: Unexamined assumptions and new possibilities. American Journal of Public Health. 102(5), 800-806.

20 “Definiciones | Refugiados y Migrantes.” United Nations, United Nations, refugeesmigrants.un.org/es/definitions.

21 Cardiel, V. et al. (2018) “En 60% Se Eleva El Número De Solicitantes De Asilo y Refugio En Panamá.” La Prensa, www.prensa.com/mundo/refugiados-venezolanos-Acnur-migrantes_0_5058244130.html.

22 Wasserman, D. “Suicide Risk in Refugees and Asylum Seekers.” European Psychiatry, vol. 41, 2017, doi:10.1016/j.eurpsy.2017.01.167.