HAY QUE HABLAR DE LO QUE DUELE PARA QUE DUELA MENOS

Vali Maduro de Gateño, Ph.D. Psicóloga       Coordinadora del Programa Sanamente, Fundación Relaciones Sanas

Uno de los más grandes mitos acerca del suicidio es que si una persona está determinada a quitarse la vida, nada la detendrá. La realidad es que la conducta suicida es el resultado de un sufrimiento prolongado que se ha vuelto inaguantable. La persona desearía que hubiera otra alternativa de solucionar este sufrimiento, pero no puede verla.

Las investigaciones -como las de Thomas Joiner de Florida State University y Shaun Shea, de Training Institute for Suicide Assessment & Clinical Interviewing- indican que hasta la persona más severamente afectada tiene sentimientos conflictivos acerca de la muerte. La mayoría de las personas no quiere morir. Lo que quiere es no seguir sufriendo. Por estas razones quienes estamos a su alrededor necesitamos estar alerta a las señales de riesgo y abrir los espacios de comunicación.  

Algunos se preguntarán por qué hablar de suicidio. La comunicación clara y honesta crea una sensación de seguridad y confianza que le permite a la persona que está sintiéndose mal hablar de un tema por el cual siente mucha vergüenza, miedo y angustia. Hablar directamente del tema también deja saber que se puede decir lo que se siente y se piensa sin miedo a ser juzgado o tachado de loco.  

Hablar de la idea suicida o de pensamientos de acabar con la vida de uno mismo no es cosa fácil. A todos los llena de miedo y preocupación. ¿Estaremos haciendo bien? ¿Le estaremos dando una idea? Investigaciones como las de Smith, Poindexter y Cukrowicz (2010) revelan que los participantes experimentaron una reducción en sus ideaciones suicidas un mes después de haber participado de la investigación y se mantuvieron estables en su mejoría tres meses después.

Los resultados indican que preguntar sobre ideas suicidas o hablar sobre ellas no crea la idea, ni la refuerza.

Por el contrario, investigaciones como las de Blades, Strizke, Page y Brown (2018) indican que hablar de suicidio no causa daño, sino que causa una reducción en la idea suicida, en el riesgo y en la angustia. Hablar sobre sus ideas suicidas y creencias negativas de la vida ayuda a las personas a escucharse de manera más clara y a cuestionarse esas creencias y deseos. Además, ayuda a quienes están a su alrededor a conocer lo que piensan y sienten sus amigos y seres queridos que se encuentran sufriendo de alguna enfermedad mental o de algún problema. Cuando sabemos lo que está en la mente de la otra persona podemos abrir el espacio para reflexionar sobre otras opciones de soluciones y también para dejarles saber que su idea o sentimiento de que están solos o que a nadie les importan, no es cierto.

Empecemos por entender por qué una persona quisiera morir por suicido. Thomas Joiner nos dice que las personas que mueren por suicido son aquellas que pueden y quieren. ¿Qué significa esto? El suicidio no es simplemente un acto, sino un proceso. Para que una persona pueda atentar contra su vida debe superar el miedo a la muerte y el instinto de auto preservación. La persona tiene que desarrollar la capacidad para hacerlo. Todos tenemos un impulso de sobrevivir; por lo tanto, las personas van practicando. Por eso necesitamos hablar: para conocer sobre ideas e intentos anteriores.  

Si usted ha visto que alguien tiene conductas de riesgo, hable con esa persona y pregúntele directamente. Por ejemplo: “Últimamente te he notado diferente, ¿Cómo estás?”. Si la persona le contesta que está bien, no acepte la primera respuesta. Vuelva a intentarlo: “Disculpa que insista, pero he notado que tu conducta no es la de siempre. ¡Háblame! hablar siempre es mejor”.

Cuando la persona comience a hablar ponga atención y respete lo que le dice. Hágale preguntas que le permitan determinar desde cuándo se siente así; qué causó que se sintiera así y de qué manera piensa que puede resolver la situación. Si usted nota que la persona está sumamente negativa, habla de morirse o de no tener esperanza, pregúntele de manera calmada y directamente: “¿Has pensado quitarte la vida?” Las investigaciones indican que preguntar directamente no hará que la persona que no lo haya pensado lo piense y abrirá el espacio para poder hablar de ideas a quienes lo pensado.  

En cuanto a la parte de querer, Joiner y su grupo encontraron que las personas que desarrollan ideas suicidas tienden a sentir que su vida no vale la pena, que valen más muertos que vivos y a sentirse que no pertenecen. Otra razón por la cual hablar abiertamente de estas creencias es que es importante para la prevención. Hablar con las personas en riesgo, dejarles saber que son importantes para los que los rodean y confrontar sus pensamientos de poca valía son mecanismos de prevención y de ayuda.  

Algunas sugerencias para hablar del tema:  

Esté seguro de que hablar es mejor que mantener el silencio. Esto le ayudará a estar un poco más calmado. 

Luego de hacer las preguntas, escuche. Abra el espacio para que la persona pueda desahogarse y hablar de lo que está pensado.  

Sea empático y comprensivo.

Deje saber que está dispuesto a ayudar, que no va a juzgar y que su vida es importante para usted. 

Ayude a la persona a buscar ayuda. 

Por otro lado, no discuta y evite decir cosas como: “no pienses así”, “eso es una locura” y “¡no quiero escuchar eso más!”. Todos esos comentarios cierran el espacio de conversación, logrando que usted no sepa lo que la otra persona está pensando o experimentado y por tanto no la podrá ayudar. Al cerrar el espacio, la persona no podrá escucharse y pensar en otras opciones.

Tampoco prometa que va a guardar el secreto. Algunas personas, especialmente los adolescentes, amenazan con no hablarles más a sus amigos. Recuerde: es mejor perder una amistad que un amigo. Si eres un menor, habla con un adulto para que te ayude a ayudar a tu amigo.  

¿Qué puedo hacer para ayudar a alguien que quiere quitarse la vida? 

La Fundación Relaciones Sanas ha desarrollado estos simples pasos que nos aconsejan cómo ayudar a alguien que se encuentra en riesgo de hacerse daño.  

Tómelo en serio. 

A veces pensamos que ningún problema es suficiente para querer quitarse la vida. No asuma que, porque un problema no parece importante para usted, la otra persona lo percibe igual. No tiene que ver con qué tan grave es el problema, sino con cuánto le duele y le hiere a la persona que lo vive. 

Piense que querer quitarse la vida es realmente un llamado de ayuda. 

El hecho de que una persona esté diciendo que quiere quitarse la vida, es en sí un pedido de ayuda; esa parte de ellos que lo dice es la parte sana que quiere permanecer viva. Generalmente las personas se sienten ambivalentes: una parte de ellas desea seguir viviendo, la otra parte desea acabar con el dolor. 

Esté dispuesto a dar ayuda, aunque no esté seguro de que algo va a ocurrir.

Las personas que siente ganas de quitarse la vida generalmente no buscan ayuda porque sienten que esto será doloroso: creen que serán rechazadas por sentirse así, que los demás pensarán que hay algo malo con ellas, que se burlarán, o les causa pena expresar cómo se sienten. 

Simplemente escuche. 

No hay palabras mágicas ni correctas para expresar su apoyo. Si está preocupado, muchas cosas lo demostrarán. Permítale a su amigo/a expresarse sin sentirse juzgado. Ofrezca paciencia, simpatía y aceptación.

Pregúntele: ¿Has pensado quitarte la vida?

Si su instinto le dice que esto es una probabilidad o si escucha este deseo de algún amigo/a, es bueno hacer esta pregunta. Si la persona está pensando quitarse la vida, tendrá una oportunidad de expresarse. A veces alguien puede decir que no desea quitarse la vida, pero actúa de forma contraria. Si alguien no desea quitarse la vida, simplemente contestará que no desea hacerlo. 

Si es necesario, no deje a la persona sola. 

Tampoco trate usted de manejar esto sólo. Pida ayuda a un profesional o a algún adulto. 

No guarde secretos. 

La persona que desea quitarse la vida siente mucho miedo y dolor y puede pedirte que no le cuentes a nadie cómo se siente. Esa persona está contándole cosas muy privadas y personales. Hay muchas cosas que escuchará que puede respetar y mantener privadas, pero recuerde que más vale perder una amistad que perder a un amigo. Aunque a su amigo/a, en ese momento puede parecerle que no le está siendo leal, es más importante que le salve la vida. 

No asuma toda la responsabilidad de salvar a alguien. 

Lo mejor que puede hacer es buscar a alguien capacitado. Una vez en manos de un adulto puede ofrecer tu apoyo, pero recuerde que lo que pase no es responsabilidad suya. Vivir una situación así con un amigo puede ser muy difícil, por lo que usted también debería buscar ayuda. 

Para ayudar a una persona debe saber el nivel de riesgo en el que está. Necesita saber:   

¿Tiene un plan de cómo hacerlo?  

¿Tiene lo que necesita para llevarlo a cabo?  

¿Tiene acceso al método que ha escogido? 

¿Tiene una fecha establecida?  

¿Tiene la intención de quitarse la vida?  

 Si la respuesta a todas estas preguntas es positiva, la persona con la que está hablando está en un riesgo severo y necesita ser hospitalizada.  

Recuerde. El silencio aumenta el peligro en los casos de riesgo de suicidio. Tómese el tiempo de saber cómo están sus seres queridos. Pregúnteles, escúchelos, déjeles saber que son importantes para usted y que juntos podrán buscar maneras de resolver las situaciones que se presenten. La mejor prevención es la atención temprana de las afecciones de la salud mental. Además, tenga en mente que la idea suicida es el resultado del dolor prolongado, la desesperanza y la sensación de estar atrapado.  

El Dr. Shea dice: “Cuando le quitemos el estigma a la salud mental, la idea suicida pasará de ser un pecado que hay que ocultar, a ser un problema que hay que resolver”. Rompamos el silencio y hagamos la diferencia